Hay una escena que quienes leen LA GACETA todos los días conocen de memoria: esperar que el diario llegue a casa. Lo que pocas veces se ve es todo lo que ocurre antes de que ese ejemplar llegue a las manos de un lector. Por tercera vez, en el marco de los festejos por los 114 años del diario, un grupo de 30 suscriptores pudo conocer ese detrás de escena y recorrer la planta impresora. Esta vez, la experiencia estuvo atravesada por la curiosidad y por los recuerdos que se construyeron durante generaciones.
Para Federico van Mameren, secretario de redacción y periodista del diario desde hace casi 38 años, la visita tuvo además un significado personal. Él mismo llegó por primera vez a la planta siendo un niño.
Recuerdos fotográficos: 1937. Un homenaje por el aniversario de LA GACETA y por el Día del ArchiveroEste lugar es, para él, en donde algo que primero existe como texto, fotografía y diseño finalmente toma forma. Un enorme rollo de papel en blanco avanza por la rotativa y, a través del sistema de impresión offset, recibe los cuatro colores que permiten construir las páginas. Después, las distintas partes de la edición se arman hasta convertirse en el ejemplar que llegará a los lectores.
El proceso sucede a una velocidad que sorprendió especialmente a quienes lo observaron por primera vez. “Es un lugar de emoción que te entra por los sentidos”, describe Van Mameren. El ruido de las máquinas, el papel que se transforma frente a los ojos y el olor de la tinta forman parte de una experiencia que resulta completamente nueva.
Del canillita a la pantalla
Alejandro Lazo tiene 34 años y es empleado público. Es suscriptor de LA GACETA desde hace cuatro años, aunque su relación con el diario viene de la infancia. “Cuando yo era chico esperábamos el diario, esperábamos que llegue el gacetero”, recuerda.
La remera de los 21K de LA GACETA ya vuela sobre Tucumán: inscribite antes de que se acaben los cuposSu generación vivió además la transformación de los medios: del ejemplar de papel a las plataformas digitales. Por eso recorrer la planta significó mirar hacia atrás y descubrir cómo se produce aquel objeto que formó parte de su infancia. “Me da un poco de nostalgia”, reconoce.
Para Federico, esa transformación también alcanzó al propio medio. LA GACETA pasó de tener al papel como única forma de comunicación a expresarse también a través de su sitio digital, redes sociales y plataformas audiovisuales. Pero, sostiene, hay algo que permanece: “Lo que no ha cambiado es el vínculo con esos lectores, el vínculo de LA GACETA con los tucumanos”.
La Gaceta celebra sus 114 años con un regalo especial para sus lectoresEl diario de una vida
Omar Ricardo Sosa tiene 67 años y es suscriptor desde hace cuatro. Pero su vínculo con LA GACETA comenzó mucho antes. “Recibíamos el diario en casa desde que yo soy chico, desde que íbamos al colegio”, cuenta. Llegó a la planta acompañado por su hija de 14 años, con la intención de conocer finalmente aquel proceso que durante décadas había permanecido detrás del ejemplar que esperaba en su casa. Con más de 60 años leyendo el diario, recordó aquellos ejemplares que llegaban a la madrugada. Para él, LA GACETA no fue solamente una fuente de información: “Me sirvió tanto cuando era estudiante, y en la parte laboral, me sirvió muchísimo”, relata. Pero la experiencia adquirió otra dimensión al compartirla con su hija. Ella, cuenta Omar, quedó tan entusiasmada que planeaba contarles al día siguiente a sus compañeros del colegio todo lo que había visto. Quizás por eso la planta no sea solamente el lugar donde termina de imprimirse el diario. Es también el punto donde distintas generaciones pueden encontrarse con una parte de su propia historia. Porque, como dice el secretario, la misión del periodista no termina cuando el papel sale de la máquina. “El final está hecho en quien recibe”.